sábado, 16 de enero de 2016

HISTORIA DE LA CANCION:

Felicitas Guerrero fue la protagonista de una trágica historia ocurrida en Buenos Aires en la década de 1870. Nacida el 26 de febrero de 1846, era la muchacha tan bella que el poeta Carlos Guido Spano se refería a ella como «La mujer más hermosa de la República». Sus 16 años, su tez pálida, sus ojos pardos, su cabellera castaño oscuro y su cuerpo delicado la convertían en el blanco de todas las miradas masculinas y por ello le sobraban pretendientes, entre los que se encontraba Enrique Ocampo, sin dudas el más enamorado de todos. Pero los padres de Felicitas, desoyendo las voces de protesta de su hija, la obligaron a casarse con Martín de Álzaga, un hombre de más de 50 años de edad y dueño de una inmensa fortuna.
La boda finalmente se realizó en 1864 y Félix, el primer hijo de la pareja, nació en 1866. Pero cuando Felicitas se estaba acostumbrando a ser esposa y madre una tormenta de desgracias se abatió sobre ella. En 1869, durante la terrible epidemia de fiebre amarilla que azotó Buenos Aires, falleció su hijo Félix; en marzo de 1870 muere Martín, su segundo hijo, a poco de nacer y 15 días después también lo hace Álzaga, quedando viuda a los 25 años y heredando todos los bienes de su difunto esposo.
Al poco tiempo se encontró nuevamente asediada por un sinnúmero de pretendientes. Enrique Ocampo, que nunca pudo aceptar quedarse sin su amor, volvió a cortejarla. Felicitas coquetó un tiempo con él, pero se decidió finalmente por Samuel Sáenz Valiente, un joven hacendado. Ocampo, loco de celos al tomar conciencia que nuevamente perdía a su amada, se acercó a la casa de Felicitas a pedirle explicaciones. Era el día 29 de enero de 1872. Ella no se encontraba en ese momento, pero quiso el destino que llegara justo cuando Enrique se estaba retirando. Felicitas no quería hablar con él, pero finalmente accedió, lo hizo pasar y se quedaron a solas. Cuenta la historia que, ante la negativa de Felicitas a corresponderle a su amor, Ocampo extrajo un arma que tenía oculta entre sus ropas y le disparó hiriéndola gravemente. Inmediatamente, con la misma arma, se suicidó descargándose un tiro en el corazón. Felicitas fue atendida rápidamente pero desgraciadamente la herida era fatal. La agonía se extendió hasta la mañana del día siguiente, 30 de enero, en la que finalmente falleció entre los brazos de su madre.

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