sábado, 16 de enero de 2016

Felicitas
(Vals / Letra: Martín Sardella / Música: Ricardo Pereyra)

Era Felicitas en la Gran Aldea
la que marchitaba toda cerrazón.
De envidia seguía su leve cintura,
su aroma perfecto, la más linda flor.
Ante los caireles de su piel desnuda
fue a rendir la luna su mejor color,
y su voz de azúcar cantaba vidalas
mientras despertaba mil sueños de amor.

Ibas por Bolívar hacia San Ignacio
a besar las manos de Nuestro Señor,
y te vi fulgúrea, bella hasta el milagro,
y muté en esclavo de tu corazón.
Repicaron hondas todas las campanas
coronando el sueño de mi eterno amor,
y así, desde entonces, las cosas del mundo
se tornan benditas con tu evocación.

Y al fin decidieron modelarle un nido
cuando desbordaba de tibio candor,
y así fue la esposa de aquel que no amaba
por necio mandato de una imposición.
Pero allá en la quinta de la Calle Larga
la desgracia un día su vida enlutó:
se quedó muy sola cuando se marcharon
sus hijos, su hombre, camino de Dios.
Quise en tu regazo dejar mi esperanza.
¿Porqué, Felicitas, me niegas tu amor?
Tanto que te pienso y otra vez te pierdo;
tiñe tu desaire mi nuevo dolor.
Entonces, vencido, brotan de mi mano
disparos cegados de fuego y pasión...
Y tal vez mañana, en cielos dorados,
despertemos juntos al dulce perdón.

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